Contemplaba fijamente el arma notando el último encuentro con la vida que había decidido dejar escapar por voluntad propia sin aceptar la imposición de esta misma de marcharse cuando era el momento. Nunca lo había entendido. ¿Qué era el momento? Acaso la vida era solo una hora de lluvia invernal que se acababa cuando se despejaba el cielo para darle paso al sol y traer consigo nuevas lluvias y nuevas vidas intrínsecas en ello. No podía ser, hoy mas que nunca el se negaba a ser juzgado como parte del mismo albedrío al cual detestaba y se sentía demasiado superior como para ser tratado de la misma lícita manera que los demás, aunque así hubiera sido por millones años, el era único y aunque no era aficionado de la lectura sabía que otras personas debían haber llegado al mismo punto que el y a la misma funesta decisión, lo cual lo hacía sentirse apoyado pero a la vez molesto. Siempre a pesar de sus pocos recursos económicos se había sentido especial, superior, único, misterioso y se había empeñado tanto en hacérselo saber a los demás, que había causado su mas profunda soledad, sin importarle mucho la misma pues detestaba a la humanidad y pensaba que su grandeza sólo podía estar consagrada a él mismo. Sólo una vez había decidido sucumbir a la humanidad de tener una relación en pareja en época de adolescencia y solo tres meses soportó. Tanta banalidad en ella tanto espíritu mundano le habían hecho despreciarla y preguntarse como había decidido compartir con ella que aún no entendía lo grave del asunto de ser superior a una raza infectada de microbios que solo perseguía su propia destrucción, su grado metafísico el cual se sentía orgulloso de tener pues nunca había entendido el concepto de un Dios. Jamás había concebido la idea de que existiera alguien mas grande y mas poderoso que el y el hecho de la existencia de un ser del cual siempre en cada religión, secta o congregación le llevara a ser el segundo, tercero o estar muy por debajo de él, le había llevado al ateísmo pagano en teoría pero siempre con la eterna furia de sentir siempre presente un ser metafísico por encima de el, por lo cual se negaba a admitir lo que sabía que existía. Las horas hacían tontos a los minutos y transcurrían de inequívoca forma apresuradas por la adrenalina de él que contemplaba el arma como a la única amante que tendría y lo comprendía, la olía, la respiraba, la sentía tan poderosa, tan vanagloriada tan lejos de toda mundanidad que solo se concretaba a ejercer su funesta labor sin preguntas ni sospechas solo poder y decisión. Los momentos transcurrían y la hora en que se acercaba el momento que el había decidido estaba a 5 minutos de llegar.5 minutos que lo separaban de otro día tedioso de darle clases a un grupo de jóvenes universitarios incapaces de entender la perfección de la matemática en su infinita facultad para en cambio salir de este humano encierro y debatir con ese Dios el cual sabía de su existencia pero se negaba a aceptar, a ver que lo hacía tan poderoso al darle diámetro infinito a un universo creado por el que fue autónomo en su creación. Cerca del fin de su divagar por la vida a solo tres minutos de despedirse de la misma, sintió miedo. No entendía porque pero tan mundana sensación había invadido su ser en aquel momento. Se sentía titubear de su acción, miraba el arma como algo impío, erróneo. Había caído en la pregunta en la cual ningún filósofo había dado respuesta, se había empezado a preguntar el porque de todo, pero por fin había llegado a preguntarse el porque del porque. Ahora todo y nada cobraba sentido, empezaba a entender la presencia de un Dios único verdadero y cierto y se sentía sucio, imperfecto, carcomido, su poder de entendimiento le llevaba a ver el error que había cometido toda su vida en el círculo de creerse metafísico cuando en su lugar era mas bien solo una hoja cayendo junto con las demás en el otoño que significaba existir. Se imaginó tal ejemplo y se sintió fracasado al sentirse ingrato intentando siempre caer por encima de las demás hojas cuando en verdad había sido la primera en caer en su desesperación de ser siempre el primero. Intento volver a su estado principal, al que le había hecho tomar tal decisión, pero recordó a su único amor a la cual tanto hizo llorar y a su madre, a la cual siempre había sentido tan absurda y tan corriente para él que era perfecto, darle su último adiós a la vida con una triste mirada en aquellos ojos que lo miraron desde su nacimiento suplicándole que el consuelo en su Dios buscara, nunca había comprendido porque su tristeza al tener un hijo tan único hasta ahora que se daba cuenta de su sarcasmo y la dejaba de odiar. Dos lágrimas cayeron de sus ojos. Por fin la había entendido, volteó con impavidez a observar el reloj, 30 segundos faltaban y ya no intento volver atrás o seguir pensando, por fin a tardía hora había entendido y ahora su culpa era la que lo mataría. El había matado a de dolor a su madre y herido a muchas personas y ya no se merecía seguir viviendo. 10 segundos respiraba sobre el arma. 5 segundos empezaba a apuntarse al corazón como había decidido por no querer dispararse en la cabeza por ser de la forma habitual. 1 segundo con lágrimas de culpa detonó el arma. El edificio enteró se sobresaltó, una señora que paseaba su perro se agarró el pecho de la impresión. Los minutos pasaron, dándole paso a las horas hasta que por fin encontraron el cuerpo de aquel excéntrico profesor que nadie trataba por su extraña forma de ser. Debajo de su cuerpo hallaron una carta que con letras perfectamente curvas decía: “He decidido despedirme de este mundo, luego de andar solo por el y no hallar nada que me acompañara en mi grandeza. Decidí hacerlo a mi manera y no al paso del tiempo, por lo tanto he aquí mi último adiós en el momento que decidí. El 7 de julio de 2007, solo una fecha tan perfecta merecía mi despedida de este mundo atrozmente ignorante e imperfecto”
Quienes lo hallaron se extrañaron con la carta, la prensa que asistió uso su hipérbole influencia para agrandar los relatos y hechos. La generaciones pasaron y películas e interpretaciones se hicieron del hecho. Muchos jóvenes incomprendidos lo tomaron como ídolo, sin saber la mentira de la cual el se había dado tardíamente cuenta y los segundos en tan gran culpa no le habían permitido corregir en su funesta y última misiva al mundo.
(Original de César Simón la historia de un suicidio). Si alguien tiene alguna opinion de este escrito me gustaría leerla.