Celos de ella
Ella lo miraba y cada momento que pasaba hacía que la envidia creciera en ella aun mas, detestaba no poder tenerlo solo para ella, pero sabía que siempre tendría que compartir su alma. Odiaba verlo mirándola con ojos tan impávidos y llenos de esperanza, observarlo acariciándola con tanto amor y sentir la pasión que del emanaba y se veía reflejada en la satisfacción que su cara mostraba. Odiaba sentirlo compartido, sentir como las mismas caricias, el mismo amor y pasión que le daba se las diera a ella y en un grado mayor, lo sabía, podía percibir la emoción que el transmitía cuando estaba con ella. ¡Que descarado! Pensaba, tocarla a ella de esa manera cuando aún estaba presente, sabía que no podía pedirle que la dejara pues parte de su espíritu se iría y ella lo amaba todo de el, así que tendría que seguir compartiéndolo a pesar que los celos la siguieran devorando como millones de cuchillos hirviendo clavándose en su yugular. Aceptaba el sacrificio, pues sabía que jamás encontraría a otro como el y estaba acostumbrada a seguir relegada siendo la segunda detrás de ella, a la cual miraba con odio cuando la veía fundirse en un solo ser con el. Un día las dejo a ambas solas por ocupaciones pendientes y el impulso homicida la absorbió, justo cuando tenía sus manos sobre ella y estaba dispuesta a acabarla; la lucidez surcó su mente. Sabía que al matarla también le mataría a el y se negaba a perderlo para siempre. Pasaron los minutos y el llegó, la saludó con un beso, obviamente ignorante de lo que había estado a punto de hacer y la abandonó para llegar con la otra, la tomó entre sus brazos, la besó como siempre acostumbraba y le dijo a ella: “He inventado una nueva canción para tí” y con su amada guitarra en brazos entonó el solo que nada mas con su guitarra era capaz de hacer y su amada capaz de inspirar. Ella con lágrimas en los ojos pensó “al final todo es una sola cosa” y se dedicó a escuchar y sentir lo que el le transmitía mediante su odiada rival.
Original de César Simón.

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